Para leer se hace una fiesta

Foto Luis Carlos Palacios Leyva

Los más pesimistas hablaron prontamente de apocalipsis, algunos construyeron hipotéticos ataúdes para la palabra impresa, llamaron museos a las bibliotecas y auguraron que olvidados en sus estantes, envejecerían los libros, mientras las letras viajaban en virtuales algoritmos de una pantalla a otra, en pixeles y bites. Otros usaron la catástrofe como pretexto y siguieron construyendo imaginadas historias en universos de papel.

Lo cierto es que acunada en múltiples soportes la literatura goza de total salud. He aquí la única máquina del tiempo y el espacio, capaz de teletransportar al lector a cualquier país o época, se puede ser un samurái del periodo Edo japonés, un cruzado en tierra santa, una cazadora de tesoros o astronauta en viaje a las estrellas, sin pasaportes, aduanas, ni equipajes, no obstante una carga que no supone peso alguno: el conocimiento.

Alguien me dijo una vez que leer era perder el tiempo, en tanto limitaba el ejercicio físico y el empleo del tan precioso cronos en infinitas vivencias, y le respondí con algo que había leído de un señor español “el acto de leer es parte del acto de vivir” y agregué que el cerebro también necesita ejercicio.

Científicamente hablando, numerosos estudios refieren que la lectura favorece la concentración, la empatía, previene la degeneración cognitiva y hasta predice el éxito profesional.

Detrás de esa aparente inmovilidad en la que nos sumergimos, mientras cobra vida cada palabra al vuelo de la imaginación, nuestra mente recrea los pasajes activando las mismas áreas cerebrales que se accionarían si se ejecutara la acción.

Además, constituye un mito aquello de que los lectores son personas calladas, solitarias e introvertidas, ya lo decía el político y escritor romano Cicerón: “a hablar no se aprende hablando sino leyendo”, y es que la ciencia reconoce la capacidad de tan beneficioso hábito en el desarrollo del intelecto, incluyendo la comunicación.

Volviendo a lo del ejercicio físico, los entrenadores recomiendan hacerlo en las mañanas, pues acelera el metabolismo durante todo el día, regula el apetito, da una inyección de energía y favorece la agudeza mental.

En tanto formar el hábito de la lectura debe hacerse en el despertar mismo de la vida, porque leer ávidamente en etapas tempranas alimenta la inteligencia, desarrolla el uso correcto del lenguaje; las personas cuya dialéctica evoluciona con el hábito lector son valoradas socialmente con capacidades de liderazgo y tienden al éxito en la profesión escogida.

Por eso es preciso una celebración de tales dimensiones, como la Feria del Libro, leer debe ser una fiesta.

 

 

 

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