Miembro de número

Definitivamente no se trata de la alta distinción de ocupar uno de los 46 asientos que bajo esa denominación tiene la Real Academia de la Lengua Española, o pertenecer a la Academia Cubana de la Lengua, a la de Ciencias de Cuba, u otras tantas que exigen de sus integrantes incontables méritos, y es un premio, igualmente, ser miembro.

Así hemos nombrado jocosamente a un síntoma dentro de un mal muy debatido en nuestro país: el reunionismo, que comienza a afectar a su portador desde que atravesando la puerta del salón este se pregunta ¿qué hago aquí? Será mucho más grave si la duda inicia justo al recibir la citación o si esta ya forma parte habitual de su agenda.

Miembro de número significa que usted está allí para, como diríamos en plata cubana, hacer bulto, porque alguien de un ¨nivel superior¨ consideró que debía participar.

Imagínese, como pescado en nevera, sacado de apremiantes responsabilidades o de un uso más productivo y efectivo de su tiempo, sin llevar cartas en el asunto, ser parte de la solución ni del problema, ni siquiera servir como consultante.

Y aclaro que no se refiere al desinterés o apatía por actividad alguna en la que se requiera obligatoriamente su presencia.

Si se realiza un análisis de la jornada laboral de un cubano no dirigente, o la cosa se agrava, habría que descontar para reuniones al menos dos días hábiles al mes (en dependencia de la duración de los encuentros, las organizaciones a las que pertenezca o las justificaciones que pueda hallar para evadirlos). Y ni hablar de los daños económicos a la empresa.

En aquellos lugares donde la productividad es realmente prioridad, las 16 horas se descuentan de su tiempo libre, pero hay que reunirse.

No se trata de emprenderla contra todas las reuniones en su justa medida hasta imprescindibles, mientras duren lo inevitable, sean dirigidas con precisión, sirvan para tener en cuenta experiencias  y consultar para la adopción de decisiones, para ofrecer y recibir información, chequear asuntos, determinar tareas, crear proyectos y hallar soluciones.

En Cuba ocurre con mucha frecuencia que nos reunimos para preparar la reunión, la efectuamos,  citamos para informar sus resultados y luego chequeamos sus acuerdos, multiplicando el tiempo invertido, propio y de los demás, en ocasiones infructuosamente.

Antes de la convocatoria, cuestiónese sí esta es necesaria, cuál es su objetivo, cuál será el orden del día, cómo este se organizará para que los involucrados en uno u otro punto, en tanto no puedan aportar al resto, estén el tiempo indispensable para informar, rendir cuentas o ser consultados; quiénes asistirán y por qué.

En dependencia de los temas a debatir, la composición de una reunión ya en el ¨sistema¨ podría variar significativamente.

Uno de los consejos de cualquier decálogo para organizar apropiadamente una reunión es el número y capacidad de los participantes, pues es conveniente reducir la cantidad de asistentes para evitar reducir la eficiencia de la reunión, e incluso declaran que el error más grande es llegar sin una planificación, y concentrar personas que no tengan interés ni tiempo para escuchar lo que tienen que decir los demás.

 

 

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