La alegría de Eduardito

Eduardito en brazos de su prima Daimí
Eduardito en brazos de su prima Daimí

Por Gisel García González

Sonriente y travieso el niño agita la bandera cubana que acaban de regalarle, aún no sabe de desfiles, obreros y primavera, nada del lejano Chicago, injusticias y protestas; Eduardo desborda alegría: este primero de mayo estará en lo que a sus dos años de vida él llama la fiesta. Domingo de primeras veces para este infante, cuya larga y difícil convalecencia le robó insipientes algarabías y disfrutes.

Eduardo Núñez estuvo poco tiempo en casa desde su nacimiento debido a una grave obstrucción intestinal e infuncionabilidad del sistema excretor, que obligó a los cirujanos a practicar en un bebé una colostomía, tipo de estoma que permite unir el colon a la pared del abdomen, operación que salvó su vida. Los padres confesaron haber perdido alguna vez la esperanza. Su delgadez era tal que ahora, cariñosamente, mi padre bautizó su lozanía y robustez como Tronco.

La sala de mi casa acogió durante mucho tiempo las comunicaciones entre los médicos en Holguín y familiares para saber de la evolución del pequeño paciente o pactar las numerosas consultas de seguimiento.

El aditamento en su abdomen impidió que el infante iniciara su desarrollo locomotor como el resto de los niños y su contacto con el medio fue limitado ante los cuidados higiénicos y su debilitado sistema inmunológico; por tanto no gateó, el andador lo lastimaba, y ayudado por los abuelos dio sus primeros pasos mucho después de los doce meses.

Eduardito o chino chiquito, como lo llamamos en casa, se divertía caminando en el sofá entre mi hermana y yo, sentadas a cada extremo, y mami vigilante por si desviaba la senda; hoy corre tras la pelota o su hermano montado en bicicleta, sabe que no debe tocar la bolsa e incluso pide que la limpien cuando se siente incómodo.

En su última consulta los galenos descartaron la posibilidad de un megacolon agangliónico, (enfermedad congénita consistente en la formación de un megacolon (sección colónica muy dilatada) debido a que al existir una sección agangliónica (sin células ganglionares) la motilidad es totalmente inadecuada o inexistente), y pronto se agendarán las cirugías que devolverán todo a su sitio.

Junto a su familia el niño se prepara para el desfile, será su primera vez entre tanta gente. Al pasar por la tribuna, en la plaza de la Revolución de Bayamo, saludará animado por el alborozo.

Algún día, cuando entienda de marchas y obreros, de reafirmación histórica y unidad de pueblo, de los numerosos beneficios y conquistas que disfruta, sus padres Gali y Chinito le contarán cómo estuvo amenazada su existencia y que este primero de mayo fue el inicio de muchos desfiles de esperanza y agradecimiento a la Revolución que formó a los médicos y veló, sin costo alguno, por su salud y bienestar.

La enseña tricolor desde hoy no tiene descanso en sus pequeñas manos.

 

 

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