Periodismo de infantería

Por Gisel García González

La evocación llega en oleadas, como el mar que baña las costas de su ciudad, quizás las mismas canas y arrugas del   rostro corresponden a cada huella de su memoria, esas que inolvidables, trata de hilvanar para mí, cuando refiriéndose al trabajo reporteril durante el Período Especial el periodista retirado Raúl Rivero me explica:

“Fueron tiempos difíciles, nos trasladamos de la redacción de La Demajagua, en Granma, hacia los municipios como corresponsales; por ser Manzanillero me tocaba atender la zona costera a la que accedíamos, casi siempre, en transporte público, le llamábamos: periodismo de infantería”.

De recuerdos fragmentados se va construyendo esta historia, porque al describir el panorama cubano en la década del 90′ del siglo anterior, muchos abordan los avatares económicos y olvidan la ardua situación que atravesaron los profesionales de los medios de prensa.

En tal escenario, donde cada día significó un prodigio de resistencia, no era menos complejo el proceso para informar, educar, superar errores y hacer entender la lógica y el porqué de la política económica y las decisiones puntuales; tampoco era menos urgente.

El arte de resistir

Fundado en 1977 como diario, La Demajagua sufrió modificaciones en su tirada, frecuencia, extensión y formato, las constantes interrupciones del servicio eléctrico e hídrico afectaron la puntualidad de las impresiones, no tan buenas, dada la escasez de tinta y la mala calidad del papel.

Acerca de la falta de recursos, el rotativo publicó el viernes 11 de marzo de 1994: “Diferentes reporteros desempeñan su labor permanentemente en –“botellas”- en Guisa, Río Cauto, Campechuela, Media Luna, Bartolomé Masó y Yara; un mínimo de cinco profesionales cubre el resto de los municipios, incluida la capital provincial.

Sin embargo, no hubo desaliento, sino la decisión de tratar de suplir con un trabajo más inteligente y creativo la circunstancia impuesta por el desarrollo de la coyuntura.

El nuevo formato poco o nada influyó en la práctica periodística más que en la percepción del espacio físico, pero la nueva edición semanal requirió ajustar el tratamiento de los contenidos de la nota informativa a otros géneros reflexivos, interpretativos, analíticos, de opinión.

“El disponer de menos espacio y alargar la tirada incidió en un cambio en la mentalidad y ejercicio periodístico, fue como un distanciamiento que golpeó con crudeza a periodistas y población. No se supo en principio encauzar el ritmo pausado”, expresa la periodista Sara Sariol Sosa.

“La situación generó adaptaciones en los planes temáticos. Otras eran las urgencias y peligros que acechaban a la nación, y por consiguiente hubo que atemperarse a un período que no por gusto se denominó especial”, relata Juan Farrell Villa, subdirector del periódico en aquellos años.

Imposibilitados de renunciar a sus rutinas tan rápidamente, los reporteros acumulaban las informaciones que perdían pronto su actualidad, incluso llegó a ponerse una pequeña consola de audio y micrófono y se habilitó una línea para que Radio Bayamo asumiera los trabajos.

En la edición del 18 de marzo de 1994 el semanario informó: “el télex estudio “La Demajagua”, su periódico radial tiene como objetivo central, suplir la carencia de información motivada por la falta de aseguramiento material –tintas, papel, electricidad- y promover una mayor cobertura y difusión”.

Mientras, a instancias nacionales se les pedía a estos profesionales dedicación y apoyo: “Hace falta que nuestra verdad suene a más verdad, por su nivel de elaboración profesional, por la belleza y la fuerza persuasiva con que se presente”.

Se trató de transmitir el reflejo objetivo, profundo, ameno, crítico y ágil de la provincia de Granma, su universo de intereses, prioridades, problemas, tareas, aspiraciones y contradicciones, en la construcción socialista.

Indispensable era promover la eficiencia económica, el ahorro de recursos, hallar y divulgar ejemplos que pudieran ayudar al pueblo a resistir en medio de un sinnúmero de carencias materiales, radiar optimismo, enaltecer valores humanos y reconocer iniciativas innovadoras.

En las miradas de mis entrevistados emergen las cicatrices de una batalla librada con la pluma y el alma, porque sus realidades personales no diferían de las de muchos cubanos y aún así debían erigirse sobre su voluntad para inspirar a otros a sobrevivir.

Pero ese gran valor, viene también con una gran modestia:

“Para el que le tocó vivir esa etapa y enfrentarla en toda su dimensión, resulta amargo reconocer que mucho más podía hacerse para reflejar una realidad extremadamente traumática, pero heroica y que no quedó recogida con todos sus matices para los que venían detrás”, dijo Ramón Sánchez Parra, periodista de La Demajagua durante ese periodo.

El justo reconocimiento a estos hombres y mujeres, a los que estuvieron y los que continúan, no demoró: “Nunca antes como hoy el país contó con tantos profesionales del periodismo, motivados y comprometidos con el destino de su pueblo y con la obra que construimos y defendemos con pasión”, afirmó Fidel Castro Ruz, en ocasión del Día de la Prensa Cubana, en 1997.

“La sensible reducción a la que se vio obligada la prensa desde el inicio del Período Especial significó un reto extraordinario al que ustedes respondieron con renovado espíritu y firmeza. Entre los pilares que hicieron posible la resistencia del pueblo en esos tiempos difíciles, estuvo la prensa con su permanente mensaje esclarecedor, de aliento y defensa de los irrenunciables principios del pueblo”.

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